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Marketing para psicólogos: guía para conseguir pacientes

El método completo para que te encuentren buscando psicólogo: ficha, web, contenido y anuncios dentro de lo que permite la normativa.

Escrito por SEO, programación y estrategia
18 min de lectura

En corto

El marketing para psicólogos se apoya en cuatro piezas: una ficha de Google completa, una web que cuenta cómo trabajas y qué esperar de la primera cita, contenido que divulga sin exponer a ningún paciente, y anuncios dentro de lo que permiten Meta y Google en salud mental. Sin testimonios que identifiquen a un paciente: el secreto profesional los limita.

Esto te sirve si…

Eres psicólogo, psicóloga o terapeuta sanitario, trabajas solo o en una consulta pequeña, y quieres que te encuentren sin depender solo del boca a boca.

Esto no te sirve si…

Ofreces coaching o una actividad no sanitaria. Esta guía es para profesionales con un título sanitario reconocido que hacen terapia, con sus propias reglas de publicidad.

Lo que vas a encontrar
  1. Por qué el marketing en psicología juega otro partido
  2. Directorio, web propia, o las dos
  3. La ficha de Google para una consulta de psicología
  4. La web que explica tu enfoque y la primera sesión
  5. Contenido que divulga sin exponer a nadie
  6. Publicidad: qué deja Meta y qué no deja Google
  7. Qué hacer según tu caso
  8. Un plan de 90 días para ponerlo en marcha
  9. Errores que se repiten en marketing para psicólogos
  10. Lo que yo haría esta semana
Por qué es distintoNo hay testimonios que identifiquen a un paciente: el secreto profesional lo limita. No pedir reseñas a pacientes es, aquí, prudencia nuestra, no una norma que lo prohíba.
Por dónde se empiezaPor la ficha de Google y una web propia que explique tu forma de trabajar, no por los anuncios.
Lo que no permite MetaQue el anuncio señale un problema de salud de quien lo ve. Sí puede anunciar el servicio en sí.
Lo que no permite GoogleHacer remarketing o usar tus propias listas con anuncios de salud mental. Solo valen sus audiencias predefinidas.
Con quién trabaja esta guíaCon quien ejerce una profesión sanitaria y hace terapia. El coaching no está regulado como profesión sanitaria y queda fuera.
El plazoUn plan de 90 días: la base el primer mes, el contenido el segundo, la publicidad —si toca— el tercero.

Quien busca psicólogo no compara como quien busca fontanero, y casi todas las palancas del marketing local —el testimonio, la foto del resultado, el caso de éxito— apenas sirven aquí.

Esta guía es el método completo para hacer marketing para psicólogos y terapeutas sin esas piezas: la ficha de Google, la web, el contenido que se puede publicar sin exponer a nadie, y los límites reales que ponen Meta y Google a la publicidad de salud mental. Con ejemplos concretos, los errores que más se repiten, y un plan de 90 días para ponerlo en marcha.

Si prefieres que lo montemos nosotros, así es como lo planteamos para una consulta de psicología. Y si tu negocio es otro tipo de clínica —dental, médica, fisioterapia—, la versión general de este mismo método está en marketing para clínicas: trabajamos con varios tipos de consulta de salud.

Por qué el marketing en psicología juega otro partido

Un cliente que busca electricista compara reseñas, precios y decide en un rato. Un cliente que busca psicólogo hace algo distinto: intenta averiguar si esa persona en concreto le va a entender, casi siempre sin ninguna forma fiable de comprobarlo antes de escribir el primer mensaje.

No hay reseña que sirva de prueba en el sentido habitual del oficio. Nadie puede contar en público qué le pasó en la sesión sin, de paso, contar delante de cualquiera que tiene un problema de salud mental. Y el profesional tampoco puede usar un caso que se pueda reconocer sin el consentimiento explícito de esa persona: lo que un psicólogo sabe de un paciente está sujeto a secreto profesional, y usarlo en beneficio propio —aunque sea para promocionarse— incumple el Código Deontológico del Psicólogo.

En marketing para psicólogos y terapeutas hay que construir la confianza con otra cosa, y esa es la parte que esta guía explica pieza a pieza: la ficha de Google, la web, el contenido y la publicidad, cada una dentro de las mismas reglas.

Directorio, web propia, o las dos

Doctoralia y otros directorios de salud son, para muchos psicólogos, la puerta de entrada más rápida: llevan tráfico ya construido y no hace falta ningún trabajo de posicionamiento para aparecer ahí. Pero un directorio tiene reglas que no pones tú —cómo se ordena a los profesionales, qué datos pide, qué aparece primero— y esa ficha no es tuya: si un día cambias de directorio o dejas de estar dado de alta, te vas sin nada de lo que has construido en ella.

Una web propia funciona al revés: tarda más en dar resultado porque no hereda el tráfico de nadie, pero lo que consigues —posición en Google, gente que llega buscando tu nombre o tu especialidad— se queda contigo, cambies o no de plataforma.

Esto es lo que cambia entre uno y otro:

AspectoDirectorioWeb propia
Tiempo hasta el primer contactoRápido: hereda el tráfico que ya tiene el directorioLento al principio: depende de que tu web se posicione
Quién decide el diseño y el textoEl directorio, con su propia plantillaTú, entero
Qué pasa si te das de bajaLas opiniones se quedan en el directorio: no vienen contigoTodo lo que has construido se queda contigo
Coste habitualCuota fija o variable según cuánta gente te escribeEl coste de mantener la web, sin relación con los contactos

Lo razonable, si puedes permitírtelo, no es elegir uno: usa el directorio para tener presencia desde el primer día y construye la web al mismo tiempo, sabiendo que la que tiene que crecer es la segunda: lo que construyes ahí no se va con el directorio.

La ficha de Google para una consulta de psicología

La ficha de Google Business Profile es gratis y es lo primero que ve alguien que te busca desde el móvil. En una consulta de psicología hay tres cosas que no se plantean igual que en cualquier otro negocio.

Si atiendes en un local con cara al público

La dirección va visible y el radio de trabajo queda claro por la zona donde estás. Elige bien la categoría —«Psicólogo», no una genérica como «Consultorio médico»— porque es lo primero que Google usa para decidir si tu ficha encaja con una búsqueda. Si además das sesión online, la dirección no se oculta por eso: se deja visible y es el propio texto de la ficha, y tu web, lo que dice que también atiendes por videollamada. Piensa en una psicóloga general sanitaria con consulta en Collado Villalba que atiende ansiedad y terapia de pareja, presencial dos días y online el resto de la semana: su ficha mantiene la dirección real, y es la descripción la que deja claro que también hay sesión online — quien busca «psicóloga online» y llega a su web ya se entera ahí, aunque la ficha no la oculte.

Si vas tú a casa del cliente, sin consulta propia

Marca la ficha como negocio de área de servicio: la dirección se oculta y declaras los municipios o la zona donde trabajas. Es una opción que se marca dentro de la misma ficha, sin gestión aparte.

Si atiendes solo online, sin ningún trato presencial

Aquí no aplica ni lo anterior ni el área de servicio: las directrices de Perfil de Empresa piden algún contacto presencial para tener ficha, así que si solo atiendes online, Google no admite ficha — lo que trabaja en ese caso es la web, no el mapa. Una ficha forzada con una dirección que casi nadie visita, además, genera más dudas que confianza, y es una de las causas de que un negocio no aparezca en el mapa cuando debería.

Las reseñas, con un matiz que no tiene ninguna otra clínica

Las reseñas pesan en la decisión de quien te está mirando igual que en cualquier ficha de Google, y ya hemos escrito sobre cómo pedirlas y cómo contestarlas bien. En psicología hay una capa más.

Pedir una reseña de forma activa —con un enlace, un cartel en la sala de espera— obliga a la otra persona a decidir en público si reconoce que es tu paciente. Eso es justo lo que protege el secreto profesional: el Código Deontológico del Psicólogo dice que todo lo que un psicólogo sabe de su cliente está sujeto a secreto profesional y no debe usarse en beneficio propio. Lo prudente es no montar un sistema de petición como en una clínica dental o una peluquería: si alguien quiere dejar una reseña por su cuenta, bien, pero no se organiza una campaña para conseguirlas.

Y si te llega una reseña, buena o mala, la respuesta tiene un límite que en cualquier otra clínica ya es estricto y aquí lo es más: nunca confirmar que esa persona es tu paciente.

Todo esto es SEO local aplicado a una consulta —la ficha, las menciones de tu negocio y el contenido de tu web trabajando juntos—, con más detalle en la guía de SEO local y en cómo dejar la ficha de Google lista para que te llamen.

La web que explica tu enfoque y la primera sesión

La ficha consigue que te encuentren. Que decidan escribir depende de la web, y en psicología tiene que contestar preguntas muy concretas antes de que alguien se anime a mandar el primer mensaje.

La página de cómo trabajas

No es una biografía ni un listado de técnicas con nombres que solo entiende otro psicólogo. Es una explicación, con tus palabras, de cómo es trabajar contigo: qué peso tiene la conversación frente a las tareas entre sesiones, cómo defines que algo ha mejorado, qué pasa si a las pocas sesiones ves que no es lo que la persona necesita. Nada de esto identifica a ningún paciente: es tu criterio general, expuesto para quien todavía no te conoce.

La página de la primera sesión

Cuánto dura, si es en consulta o por videollamada, y qué va a pasar exactamente en esa primera hora: para qué sirve, qué se pregunta, qué no. Y por dónde se pide, con un paso claro —un formulario, un WhatsApp— y no solo un teléfono que hay que llamar en horario de oficina. Si trabajas presencial y online, dilo con la misma claridad en los dos sentidos: quien busca videollamada descarta en un segundo una web que no lo menciona, y quien prefiere ir en persona hace lo mismo al revés. La psicóloga de Collado Villalba del ejemplo anterior reparte la semana entre consulta y videollamada; su página tiene que decir qué días toca cada cosa, sin que nadie tenga que preguntarlo antes de decidirse a escribir.

El precio, dicho o no

El Código Deontológico del Psicólogo no prohíbe publicar el precio de la sesión —a diferencia del médico, que sí tiene vetado captar pacientes con publicidad que incluya precios—. Publicarlo evita la conversación incómoda de preguntarlo por WhatsApp y filtra antes de la primera cita a quien busca otra cosa. Si prefieres no ponerlo, es tu decisión, pero no es una obligación legal: es una elección sobre cómo quieres que sea el primer contacto.

Contenido que divulga sin exponer a nadie

Publicar contenido —en el blog, en redes— es lo que hace que aparezcas en búsquedas más allá de tu nombre, y lo que te da algo que compartir cuando alguien pregunta. El límite lo marca el artículo 45 del Código Deontológico del Psicólogo: los casos se pueden exponer con fines divulgativos, pero sin que se pueda reconocer a la persona; si el medio permite identificarla, hace falta su consentimiento previo y explícito.

En la práctica, esto separa dos cosas que se parecen pero no son lo mismo.

Lo que sí se puede contar

Cómo se trabaja en general un tipo de problema —la ansiedad anticipatoria, un duelo, una crisis de pareja—, qué preguntas suelen aparecer, qué ideas equivocadas circulan sobre un tratamiento. Es contenido sobre el tema, no sobre nadie en concreto.

Lo que no, aunque cambies el nombre

Un relato con detalles suficientes para que alguien —el propio paciente, alguien de su entorno— se reconozca, aunque el nombre sea inventado. Cambiar el nombre no basta si el resto de los datos —la edad, la profesión, la situación exacta— deja a una sola persona posible. La prueba práctica: si al leerlo alguien de tu consulta podría pensar «esto habla de mí», no se publica.

Este límite no es exclusivo de la psicología —el resto de sanitarios tiene reglas parecidas—, pero aquí pesa más: el dato que estás protegiendo no es una operación estética, es la salud mental de alguien. Si publicas en Instagram o TikTok, la misma regla aplica igual: redes sociales explica cómo se plantea el contenido en general; aquí el límite añadido es este artículo 45.

Publicidad: qué deja Meta y qué no deja Google

Antes de escribir un solo anuncio, conviene saber qué está permitido. Las dos plataformas grandes tienen reglas distintas para salud mental, y conviene saberlas antes de escribir el primer anuncio.

Meta (Instagram y Facebook)

Los anuncios no pueden afirmar ni insinuar un atributo personal de quien los ve, y la salud mental está expresamente incluida. El propio ejemplo que da Meta es claro: «¿Tienes diabetes?» no se puede escribir; «Terapia para la depresión» sí. La diferencia es sutil pero se entiende rápido: uno pregunta por el lector, el otro anuncia el servicio.

Lo que no puedes escribir

Preguntar por el problema de quien lee

Un anuncio no puede dar por hecho que quien lo ve tiene un problema de salud. Es señalar un atributo personal, y Meta lo prohíbe de forma expresa.

Ejemplo de Meta: «¿Tienes diabetes?»

Lo que sí puedes escribir

Anunciar el servicio, no el diagnóstico

El anuncio puede nombrar lo que ofreces sin dirigirse a quien lo lee como si ya supiera que lo necesita.

Ejemplo de Meta: «Terapia para la depresión»

Google trata la salud mental como categoría sensible, en el mismo grupo que la cirugía estética o las enfermedades crónicas. La restricción más importante no es sobre el texto del anuncio, es sobre a quién se lo enseñas: con estos anuncios no puedes usar tus propias audiencias —listas de pacientes, gente que ya visitó tu web, públicos similares—. Solo valen las audiencias predefinidas que ofrece Google, además de la zona y el idioma, que no son audiencias.

Qué hacer en su lugar

Sin remarketing ni listas propias, lo que queda es segmentar por lo que sí se puede: la zona donde trabajas, las palabras que la gente busca de verdad —«psicólogo ansiedad», «terapia de pareja» y el nombre de tu municipio— y el propio contenido del anuncio, que tiene que convencer a la primera porque no hay una segunda oportunidad de recordarle a nadie que existes. Es más parecido a cómo se hacía publicidad antes de que existiera el remarketing que a una campaña de cualquier otro sector hoy. Con más detalle, así es como trabajamos Google Ads y Meta Ads en general, con estas reglas de salud mental puestas encima.

Qué hacer según tu caso

No todas las consultas parten del mismo sitio. Esto es lo que cambia según la tuya.

Si atiendes solo presencial

Tu ficha de Google lleva la dirección real y el foco está en aparecer bien en el mapa para búsquedas con tu zona. La web puede ser más corta: lo que importa es que quede claro dónde estás y cómo se llega.

Si atiendes solo online

Si no tienes ningún trato presencial, Google no admite ficha: lo que trabaja ahí es la web, no el mapa. Lo que sí importa más es la palabra «online» repetida donde alguien la busca: en el título de tu web, en la ficha si la tienes, en el contenido. Compites con plataformas grandes que dominan «psicólogo online» a secas; te toca ganar en búsquedas más concretas —tu especialidad, tu enfoque— donde una plataforma con cientos de profesionales no puede competir con el detalle de uno solo.

Si combinas las dos

Dilo en todas partes, no solo en la web: en la ficha, en el primer anuncio. La psicóloga de Collado Villalba del ejemplo anterior pierde citas por los dos lados si no lo deja claro: quien prefiere ir en persona y no lo ve, descarta; quien busca online y solo ve una dirección, también.

Con quién trabaja esta guía

Esta guía se apoya en la ley de profesiones sanitarias y en el código de los psicólogos, que solo hablan de quien tiene un título sanitario reconocido y ejerce terapia con él: psicología general sanitaria, psicología clínica, y el resto de figuras sanitarias que hacen psicoterapia. El coaching queda fuera del secreto profesional y del límite del artículo 45 —no es una profesión sanitaria regulada, así que ninguno de los dos tiene equivalente ahí—, pero las reglas de anuncios de salud de Meta y Google sí pueden alcanzarle igual: las dos plataformas tratan la salud mental como categoría sensible sin preguntar si quien anuncia es sanitario. No es una opinión nuestra sobre la utilidad del coaching: es que aplicarle el resto de este marco sería inventarnos una norma que no existe. Por eso el método que enseñamos aquí no cubre coaching.

Un plan de 90 días para ponerlo en marcha

El orden importa más que la velocidad. Poner publicidad antes de tener la ficha y la web en orden es pagar para que alguien llegue a un sitio que no le convence. Este es el orden que tiene sentido, repartido en tres meses.

Mes 1 — la base

  1. Completa (o revisa) la ficha de Google si atiendes en persona: categoría correcta y horario real.
  2. Escribe la página de cómo trabajas y la de la primera sesión, con precio o sin él, pero decidido a propósito.
  3. Revisa que tu nombre, tu número de colegiado y tu especialidad estén visibles en todas partes: web, ficha, redes.

Mes 2 — el contenido

  1. Publica dos o tres piezas de contenido divulgativo sobre los temas que más tratas, sin ningún caso identificable.
  2. Pasa cada pieza por la prueba del artículo 45 antes de publicarla: ¿podría alguien reconocerse?
  3. Si tienes redes, comparte ahí lo mismo que publicas en la web, no contenido distinto pensado solo para gustar.

Mes 3 — la publicidad, si toca

  1. Escribe los primeros anuncios sobre el servicio, nunca sobre el problema del lector.
  2. Segmenta por zona y por palabras de búsqueda reales, no por audiencias de remarketing: no las vas a poder usar.
  3. Lanza con presupuesto bajo, mira qué anuncio trae más primeras consultas y sube el presupuesto solo ahí.

Al final de cada fase conviene mirar si algo se está moviendo, y eso se comprueba sin montar ningún panel de analítica:

Qué mirarDóndeQué te dice
Consultas nuevas por WhatsApp, formulario o llamadaTu propio registroSi la ficha, la web y el contenido juntos están moviendo a alguien a escribir
Búsquedas que llegan hasta tu fichaEstadísticas de Google Business ProfileQué términos funcionan, para reforzarlos en la web y en el contenido
Huecos de agenda que quedan vacíos por una cancelación de última horaTu propia agendaSi te compensa montar una lista de espera para ocuparlos; con la calculadora de ausencias se ve cuánto cuesta cada hueco vacío
Coste por primera consulta, si hay anuncios activosEl panel de la propia campañaSi el anuncio trae contactos reales o solo clics que no llegan a escribir

Errores que se repiten en marketing para psicólogos

Copiar el «cómo trabajo» de otra web

Cambiar el nombre de la técnica y poco más. Se nota, y no ayuda a nadie a decidir si tú eres la persona adecuada: lo que hace decidir es lo específico, no lo genérico.

Prometer un plazo o un resultado

«En seis sesiones lo superas» incumple el Código Deontológico del Psicólogo: crea falsas expectativas.

Pedir reseñas como en cualquier otro negocio

Con enlace, cartel o mensaje automático. Ya se ha explicado por qué no conviene: pedirla obliga a la otra persona a reconocer en público que es tu paciente.

Anunciar el problema en vez del servicio

«¿Te cuesta dormir por la ansiedad?» no es un titular llamativo, es justo lo que las normas de Meta prohíben: señalar un atributo personal de quien lo lee.

Dejar el precio fuera por costumbre, no por decisión

A veces una web no dice el precio porque nadie lo ha decidido, no porque haya una razón de fondo. Y cada persona que no lo encuentra y no se anima a preguntar por WhatsApp es una cita que no llega a pedirse.

Lo que yo haría esta semana

  1. Completa (o revisa) la ficha de Google si atiendes en persona: categoría correcta y horario real.
  2. Escribe o reescribe la página de cómo trabajas, con tus propias palabras, sin plantillas de otra web.
  3. Decide si publicas el precio de la sesión. No hace falta que sí, pero que sea una decisión, no un olvido.
  4. Repasa el último contenido que hayas publicado con la prueba del artículo 45: ¿podría alguien reconocerse ahí?
  5. Si tienes anuncios activos, relee el texto: ¿pregunta por el problema del lector o anuncia el servicio?
  6. Márcate una fecha dentro de tres meses para revisar qué de todo esto se ha movido.

En nolvo trabajamos con consultas de psicología. Es Mi Psicóloga es cliente. Si prefieres que lo hagamos nosotros, cuéntanos tu caso: qué ofreces, cómo trabajas y qué tienes montado ya. Te devolvemos un plan concreto, con estas reglas ya aplicadas.

Preguntas que nos hacen sobre esto

¿Necesito el número de registro sanitario para anunciarme?

Solo si tu consulta está autorizada como centro sanitario. La norma que lo exige —número de registro en toda la publicidad— es la misma que aplica a clínicas dentales o médicas. Si tu actividad no pasa por esa autorización, esta obligación concreta no te aplica: compruébalo con tu colegio, que tiene la última palabra.

¿Puedo poner el precio de la sesión en mi web?

Sí. El Código Deontológico del Psicólogo no prohíbe publicar honorarios; de hecho, exige informar de ellos antes de empezar. Es distinto al caso de los médicos, que sí tienen vetado captar pacientes con publicidad que incluya precios. Ponerlo o no es una decisión tuya, no una obligación ni una prohibición.

¿Puedo pedir reseñas a mis pacientes?

El código no lo prohíbe de forma expresa, pero pedirla implica reconocer que esa persona es tu paciente, que es justo lo que protege el secreto profesional. Lo prudente es no montar un sistema de petición activa como en otro tipo de consulta. Si alguien deja una reseña por su cuenta, bien; pero no se organiza una campaña para conseguirlas, y al responder nunca se confirma que esa persona sea tu paciente.

¿Qué hago si alguien cuenta su caso en un comentario de una publicación mía?

Modera el comentario o pide que te escriba en privado. Dejarlo visible en tu perfil expone un dato de salud de esa persona aunque tú no lo hayas escrito: sigue siendo información sobre su salud mental publicada en un sitio que gestionas tú. No hace falta borrarlo con brusquedad: basta un «te respondo por privado».

¿Necesito un local a pie de calle para aparecer en el mapa de Google?

Depende. Si vas tú a casa del cliente, marca la ficha como negocio de área de servicio: ocultas la dirección y declaras la zona donde trabajas, y sigues apareciendo en el mapa para esas búsquedas. Si atiendes solo online, sin ningún trato presencial, Google no admite ficha — ahí lo que trabaja es tu web, no el mapa.

¿El formulario de cita de mi web necesita algo especial de protección de datos?

En nuestra lectura de la norma, para gestionar la cita en sí no hace falta un consentimiento aparte: basta con informar de qué haces con los datos, porque la base legal es la propia asistencia. Reutilizar esos datos después para publicidad es otra cosa y sí pide consentimiento explícito y separado. Lo más simple es pedir solo lo mínimo —nombre, teléfono y motivo opcional— y no mandar a ninguna plataforma de anuncios la página ni el motivo de la cita.

¿Cuánto tarda en notarse el trabajo de posicionamiento en una consulta de psicología?

La referencia del oficio para SEO local, en general, es de cuatro meses a un año; lo explicamos con más detalle en cuánto tarda el SEO en notarse. En psicología ayuda que muchas búsquedas son muy concretas —una especialidad, un enfoque, un municipio—, y ahí suele haber menos competencia que en los términos más amplios, así que a veces se nota antes en esos términos concretos que en los genéricos.

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