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La carta que sí vende

Tu carta es un PDF. Google no la lee

Ni sabe que tienes menú del día, ni que haces cocido los jueves. Y quien la abre en el móvil tiene que ampliar con dos dedos para ver los precios.

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Lo que pasa por dentro

La carta no se lee. Se escanea

Tres cosas que deciden qué se pide, y ninguna tiene que ver con lo buena que esté la comida.

El formato

Un PDF no es una carta, es una foto de una carta

Hay que ampliarlo con dos dedos, tarda en abrir y se ve fatal en un móvil, que es donde se mira. Y hay algo peor: Google no puede leerlo. No sabe que tienes menú del día ni que haces cocido los jueves, así que no te propone cuando alguien lo busca.

El orden

Se mira arriba a la derecha, y casi nada más

La gente no lee una carta de arriba abajo: la escanea. Lo que está en las primeras posiciones de cada apartado se pide mucho más que lo que está en medio. Cambiar el orden no cuesta nada y mueve la cuenta media.

El precio

Una columna de precios alineada invita a comparar

Cuando los precios van en una columna a la derecha, el ojo baja por ella y elige el más barato. Puestos junto al nombre del plato, sin símbolo de euro y sin puntos suspensivos, se lee el plato primero. Es de lo poco de restauración que está medido.

El trabajo

Sacarla del PDF y ordenarla

Primero que se pueda leer —por un móvil y por una máquina— y después que esté puesta para que se pida lo que interesa.

Sacar la carta del PDF

A una página que se lee de un vistazo en el móvil, con los apartados plegables si es larga, y marcada en el código para que Google entienda que es una carta y qué platos tiene. Con alérgenos, que además es obligatorio.

Ordenarla por lo que interesa que se pida

Con vosotros delante y los números encima: qué plato deja margen, cuál se sale solo y cuál da trabajo y no compensa. Los primeros suben de posición, los últimos bajan o se quitan. No es tocar la cocina, es tocar el orden.

Que la podáis cambiar vosotros en dos minutos

El menú del día cambia cada día y una carta que hay que pedirnos por correo se queda vieja en una semana. Se entrega con una forma de editarla desde el móvil, sin saber de webs y sin llamarnos.

Qué recibes

  • La carta como página, legible en móvil y con alérgenos
  • Los datos marcados para que Google y las IA la puedan citar
  • El menú del día, editable por vosotros desde el móvil
  • La carta reordenada según margen, con el porqué de cada cambio
  • Un QR que lleva a la página, no a un PDF

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre la carta digital

Habla con nosotros
Ya tengo un QR con la carta.

La pregunta es a dónde lleva. Si lleva a un PDF, tienes el problema entero: el cliente amplía con los dedos y Google sigue sin saber qué vendes. El QR está bien; lo que hay que cambiar es lo que hay al otro lado.

¿Esto de reordenar la carta no es humo?

Es la parte más discutible de todo esto y conviene decirlo. Lo que está medido es que la posición importa y que el formato del precio importa; lo que no se puede prometer es cuánto sube la cuenta media en tu caso. Se cambia, se mira un mes y se compara. Si no mueve nada, se dice.

¿Sirve para el menú del día que cambio cada mañana?

Es justo donde más se nota. Se entrega para que lo cambiéis vosotros en dos minutos desde el móvil, porque si hay que pedírnoslo se deja de actualizar a la segunda semana. Y un menú del día actualizado es de lo que más búsquedas recibe en un pueblo.

¿Y si tengo la carta en varios idiomas?

Se monta con los idiomas que hagan falta y cada uno con su dirección, para que Google los indexe por separado. En zona de turismo suele compensar el inglés; el resto depende de quién os visite de verdad, no de por si acaso.

Que miremos vuestra carta

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Cuéntanos qué haces, dónde y a quién. Te decimos cómo lo plantearíamos para ti. Sin compromiso y sin venta agresiva.

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