Empezar por la pregunta
Qué decides tú los lunes y qué necesitas ver para decidirlo: de ahí sale el cuadro de mando, no de lo que se puede medir.
Tus números están en el programa de gestión, la tienda online y tres hojas de cálculo. Reunirlos cuesta tanto que se decide por sensación.
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Un cuadro de mando (o dashboard) es una pantalla con los pocos números que necesitas para decidir. Si no cumple estas tres cosas, se deja de abrir a las dos semanas.
Que quepa de un vistazo
Cabe en una pantalla y responde a una pregunta; si hay que buscar el dato entre pestañas, se deja de entrar.
Que tenga con qué compararse
«120 pedidos» no dice nada hasta que está al lado del mes pasado, del año anterior o del objetivo.
Que lleve a hacer algo
Si no sabes qué harías distinto según lo que marque, ese número es pura curiosidad; un buen cuadro de mando se queda corto a propósito.
Antes de empezar recibes una propuesta con lo que se va a hacer, su precio y el calendario de tu proyecto. Tener un cuadro de mando en marcha lleva desde 4 semanas. Es el mínimo: lo que tarda el tuyo depende de cuántas fuentes de datos haya que reunir y de cómo estén ordenadas. Primero se fija la pregunta que quieres contestar. Después se reúnen los datos que ya tienes y se dejan en una pantalla, con cada número junto a su comparación. Y tras las primeras semanas de uso real hay una vuelta de ajustes.
Recibes la propuesta: lo que se va a hacer, su precio y el calendario
Fijamos la pregunta: qué decides tú y qué necesitas ver para decidirlo
Tu cuadro de mando en marcha, con los datos reunidos y cada número comparado
Una vuelta de ajustes tras las primeras semanas de uso
Lo que recibes, en concreto.
Un cuadro de mando a medida, con los números que de verdad usas y no con los que se pueden medir
Tus datos reunidos desde donde ya están, sin cambiar de herramientas: el programa de gestión (el ERP, que lleva pedidos, almacén y facturas), el CRM (donde guardas tus clientes), la tienda, la analítica de tu web (las visitas que recibe) o las hojas de cálculo
Cada número junto a su comparación: el mes anterior, el mismo mes del año pasado o el objetivo
Acceso desde el móvil y desde el ordenador, para quien tú decidas
Una explicación por escrito de cómo leer el cuadro de mando y qué hacer con cada número
Ajustes tras las primeras semanas de uso real
Empezar por lo que se puede medir lleva siempre al mismo sitio: un cuadro de mando enorme que nadie abre.
Qué decides tú los lunes y qué necesitas ver para decidirlo: de ahí sale el cuadro de mando, no de lo que se puede medir.
Se conectan las fuentes que ya tienes —el programa de gestión, la tienda, la analítica de tu web (las visitas que recibe) y las hojas de cálculo— sin pedirte que cambies de herramientas.
Cada número queda junto a su comparación, en una pantalla que se abre desde el móvil.
Se da acceso a quien tú digas y se deja por escrito cómo leer el cuadro de mando y qué hacer con cada número.
Con el uso real se ve qué sobra y qué falta, y se hace una vuelta de ajustes.
Decidir por sensación
Sin números se decide por lo que se recuerda, y se recuerdan los extremos y no el mes normal, que es donde está el negocio.
El lunes entero haciendo el mismo informe
Exportar los datos, pegarlos, cuadrarlos y dar formato son horas que se repiten, y meten errores justo donde no puede haberlos.
Cifras que no cuadran entre departamentos
Cuando ventas dice una cosa y administración otra, la reunión se va en decidir qué número vale, no en qué hacer con él.
Enterarte en la factura
Una caída de pedidos se ve antes en los datos: si el aviso llega con el cierre del trimestre, llega dos meses tarde.
Un cuadro de mando que nadie abre
Cuarenta números en seis pestañas se miran las dos primeras semanas; un buen cuadro de mando se monta con lo que se usa y deja lo demás fuera.


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Con lo que haga falta en tu caso, y normalmente a medida: lo construimos para ti en lugar de montarlo con un programa ya hecho. Si lo que necesitas es Power BI, que es un programa de Microsoft para hacer cuadros de mando, también lo hacemos, y su licencia entra en lo que nos pagas.
Desde 4 semanas. Es el mínimo: lo que tarda el tuyo depende de cuántas fuentes de datos haya que reunir y de cómo estén ordenadas, y el calendario exacto va en la propuesta, antes de empezar. Cuando ya lo usas, hay una vuelta de ajustes tras las primeras semanas de uso real.
De donde ya están: tu programa de gestión, la tienda online, la analítica de tu web o una hoja de cálculo. Se conecta lo que se deje conectar y, lo que no, se carga cada cierto tiempo. Lo que no hacemos es pedirte que cambies de herramienta para poder medir.
Sí. El cuadro de mando lee los datos de donde ya están, también de tu ERP —el programa que lleva tus pedidos, el almacén y las facturas— y de tu CRM —el programa donde guardas tus clientes y lo que has hablado con cada uno—. Si tu programa se deja conectar, se conecta; si no, sus datos se cargan cada cierto tiempo. En ningún caso te pedimos que cambies de programa.
En para qué sirven. El informe de tu gestor, que es quien lleva tu contabilidad y tus impuestos, mira hacia atrás: cuenta lo que ya pasó y en el formato que exige Hacienda. Un cuadro de mando mira hacia lo que puedes cambiar esta semana, y por eso lleva otros números y se actualiza con otra frecuencia.
Es lo más habitual y no es un impedimento, pero hay que decirlo: ordenar los datos de partida es trabajo, y es la parte que más se subestima. Se hace una vez y, a partir de ahí, el cuadro de mando se alimenta solo.
Tan a menudo como lo pida la decisión que tomas con él. Un cuadro de mando de las ventas del día se actualiza cada pocos minutos; uno de márgenes, que es lo que te queda de cada venta, una vez al mes. Actualizar más a menudo de lo que se decide solo añade coste y ruido.
No. El cuadro de mando lee lo que ya generas trabajando como trabajas. Si para llenarlo hiciera falta que alguien apuntara cosas a mano, estaría mal planteado: sería otra tarea repetida más.
Quien tú decidas, y se puede repartir por perfiles: cada persona ve lo suyo. Es de las cosas que más cambian el efecto del cuadro de mando, porque un número que ve todo el equipo se mueve mucho más que uno que solo miras tú.
Sí, y se diseña pensando en eso, porque es donde de verdad se mira. En una pantalla pequeña entra menos, lo cual empuja a dejar solo lo importante, que suele ser una ventaja.
Perfecto, y es más común de lo que parece. Un solo número bien elegido, con su comparación y en el móvil, cambia más decisiones que un cuadro de mando de cuarenta. Se puede empezar así y crecer si hace falta.
Se rehace la conexión con el programa nuevo, no el cuadro de mando entero. Por eso se separa de dónde vienen los datos de cómo se enseñan: para que cambiar lo primero no obligue a tirar lo segundo.
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