A quién atiende
Al que ya te había encontrado
Ha buscado, ha comparado y ha entrado: todo lo que costó traerlo hasta aquí ya está pagado. Lo único que queda es que no se marche por una duda que se contesta en una línea.
Casi nadie rellena un formulario para preguntar un horario o si atendéis en su pueblo. Cierra la pestaña y mira el siguiente. Un chat contesta eso en el momento y te deja el contacto.
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Antes de contratar nada
Lo ha traído el buscador o un anuncio pagado. Perderlo por una duda de diez segundos es la pérdida más tonta del recorrido.
A quién atiende
Ha buscado, ha comparado y ha entrado: todo lo que costó traerlo hasta aquí ya está pagado. Lo único que queda es que no se marche por una duda que se contesta en una línea.
Qué le frena
Un formulario pide nombre, correo y teléfono para responder algo que se contesta en una línea. La mayoría no lo rellena: cierra la pestaña y mira el siguiente resultado. El chat quita ese peaje.
Qué se lleva
Aunque no acabe en cliente, queda por escrito qué preguntó. Diez conversaciones te dicen qué falta en tu web mejor que cualquier analítica, porque son las palabras del cliente y no un número.
El trabajo
Las páginas donde se cae la gente no son las que uno cree. Se miran primero y se decide después dónde aparece el chat.
Qué páginas se miran antes de salir y qué llega por el formulario. De ahí sale qué tiene que saber contestar el asistente y en qué páginas conviene que aparezca, que casi nunca son todas.
Las diez o quince que se repiten, con tu tono. Y sobre todo, dónde se para: qué preguntas no contesta y pasa a una persona con la conversación entera, para que nadie tenga que repetirse.
Se carga después de lo demás y solo cuando hace falta, no de entrada. Un chat que retrasa la web te cuesta más visitas de las que salva, y eso es medible el mismo día.
Qué recibes
Puede, si se monta mal. Por eso se carga aparte y en diferido, no de entrada, y se mide antes y después. Si en tu caso el coste en velocidad no compensa, te lo decimos: en una web que vive del buscador, la velocidad es dinero.
Menos, y conviene decirlo. Si la gente pregunta siempre lo mismo, casi siempre es que eso no está en la página o está escondido. Lo primero que hacemos con las conversaciones es arreglar la web; el chat es para lo que queda, no para tapar un texto que falta. Si el problema es de contenido, empieza por ahí.
Contesta igual y recoge el contacto para que tú devuelvas la conversación al día siguiente. La diferencia con un formulario es que la persona ya se ha ido con su respuesta y sabe que le van a escribir: no se queda esperando sin saber si llegó.
Sí, y sin dejar rastro en la web. Lo que no se pierde es el trabajo de escribir las respuestas: eso son textos tuyos que sirven para la propia página, para el correo y para el equipo.
Casi nunca conviene. Lo normal es ponerlo donde hay dudas —servicios, precios, contacto— y dejarlo fuera del blog y de las páginas legales, donde solo molesta.
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