
Freelance, agencia o tu sobrino: quién debe hacerte la web
Todo el mundo compara precio y calidad. La pregunta buena es otra: ¿qué se rompe el día que esa persona deje de cogerte el teléfono?
Escrito por Alejandro SabandoSEO, programación y estrategiaEn corto
El sobrino sale gratis y te deja sin poder tocar nada el día que se cansa. El freelance es la mejor relación calidad-precio para un negocio de un local, con el riesgo de que se ponga enfermo o coja otro cliente más grande. La agencia cuesta más y lo que compras es continuidad. Decide mirando qué pasa el día que te quedes sin esa persona, no cuánto cuesta hoy.
Esto te sirve si…
Tienes que decidir quién te hace la web y estás comparando un presupuesto de agencia con el de un conocido que «sabe de esto».
Esto no te sirve si…
Ya tienes web y funciona. Cambiar de manos por cambiar cuesta más de lo que parece.
| La pregunta que decide | No es el precio ni el portfolio. Decide qué ocurre si esa persona te deja tirado a mitad de proyecto. |
|---|---|
| El sobrino | Vale para salir del paso. El problema no es la web: es que las llaves —dominio, hosting, accesos— se quedan en su cuenta personal. |
| El freelance | La mejor relación calidad-precio para un solo local. Pide saber qué pasa si se pone enfermo o coge un cliente más grande. |
| La agencia | Cuesta más y lo que compras es continuidad y varias manos. Se justifica cuando la web es un canal de venta, no una tarjeta. |
| Lo que da igual quién sea | Los accesos van a tu nombre y el dominio en una cuenta en la que puedas entrar tú. Sin eso, lo demás no importa. |
Casi todos los artículos sobre esto te ponen una tabla de ventajas e inconvenientes. Precio, calidad, rapidez. Y luego eliges igual de a ciegas que antes, porque las tres columnas dicen más o menos lo mismo.
Vamos por otro lado. La pregunta que decide de verdad es qué se rompe el día que esa persona no está.
Porque ese día llega. No siempre por lo malo: la gente cambia de trabajo, se muda, tiene un hijo, coge un cliente más grande. Y lo que separa un susto de un desastre no es quién hizo la web, es dónde estaban las llaves.
Las llaves: lo que importa antes que el precio
Sea quien sea el que te haga la web, hay tres cosas que tienen que quedar a tu nombre:
- El dominio, en una cuenta de registrador en la que puedas entrar tú.
- El hosting, igual.
- Los accesos: tu ficha de Google, Search Console, Analytics.
Y no vale con que te lo digan. Esto se comprueba, y se comprueba el primer día.
Con eso resuelto, ya podemos hablar de quién.
Sobrino, freelance o agencia: la comparativa rápida
| Qué mirar | Sobrino | Freelance | Agencia |
|---|---|---|---|
| Qué pagas | Un favor: horas sueltas, sin más | Un proyecto con una persona responsable | Un equipo con varios oficios detrás |
| Si esa persona falta o no está | Nadie cubre, dependes de un favor | Depende del plan que tenga para eso | Hay estructura pensada para cubrirlo |
| Especialidades a la vez | Solo la web, si acaso | Las que domine, normalmente una | Varias en el mismo equipo |
| A quién reclamas | A él, como favor | A él, es su trabajo | A la agencia, no a una persona |
| Dónde suelen quedar las llaves | En su cuenta personal, sin querer | Depende, hay que pedirlo | Más ordenado, pero también hay que pedirlo |
Fíjate en la segunda fila. Es la que de verdad decide, no el precio.
Qué compra cada opción
Con la foto general vista, el detalle de cada una: qué compras exactamente cuando encargas una web a cada uno de los tres, y cuándo tiene sentido.
El sobrino, el cuñado, el amigo que «sabe de esto»
En la sierra esto pasa mucho, y no siempre sale mal. Alguien de confianza monta la web, cobra poco o nada, y el negocio está en internet.
Cuándo tiene sentido: cuando necesitas existir en internet y poco más. Un sitio donde vean quién eres, qué haces y cómo llamarte. Si tu negocio se llena por recomendación y la web solo confirma que existes, gastarte lo que cuesta una agencia es tirar el dinero.
Dónde está el problema, y no es la calidad:
- Las llaves acaban en cuentas personales suyas, casi siempre sin querer.
- No hay nadie a quien reclamar cuando algo se rompe un viernes.
- Los favores caducan. El primer año contesta, el tercero ya no.
- Y lo peor: es incómodo exigirle nada, porque es tu sobrino.
Cómo hacerlo bien si eliges esta vía: que las cuentas se creen desde el principio con tu correo y tu tarjeta, y que él entre como invitado. Es la misma web, el mismo precio y el riesgo se reduce a casi nada.
Contratar un diseñador web freelance
Para la mayoría de negocios de un solo local, esta es la opción con mejor relación entre lo que pagas y lo que recibes.
Qué compras: a alguien que hace esto todos los días, que ha visto cien webs antes que la tuya y que te va a costar bastante menos que una agencia. Y que normalmente contesta el teléfono él mismo, sin pasar por tres personas.
Qué preguntar antes:
- ¿Qué pasa si te pones enfermo en mitad del proyecto?
- ¿Sigues dando soporte después de la entrega, y con qué plazos?
- ¿Trabajas solo o tienes a alguien con quien te cubres?
Ninguna de las tres es una trampa. Un freelance serio las tiene contestadas y no le molesta que se las hagas: son las mismas que se hace él.
El riesgo real no es la calidad, es la capacidad. Un freelance no puede estar en dos sitios a la vez, y si entra un cliente que paga cinco veces más, tú pasas a la cola. Pregúntale directamente cómo gestiona eso.
La agencia
Cuesta más. Y lo que estás comprando, cuando el precio está justificado, es continuidad.
Qué compras de verdad: que si falta uno haya otro, que haya un proceso escrito en vez de una cabeza, que alguien coja el teléfono en agosto. Y varias especialidades a la vez: quien diseña no suele ser quien escribe ni quien monta las campañas.
Cuándo se justifica: cuando la web es un canal por donde entra trabajo, no una tarjeta de visita. Si dependes de que la web traiga clientes cada mes, lo que compras con esa diferencia de precio es evitar que un fin de semana caída, o semanas mal posicionada, te cueste ventas — y ahí la web es la mitad del asunto: la otra mitad es que las visitas acaben en llamadas.
Cuándo NO se justifica: si tu web va a ser cinco páginas que no cambian nunca, estás pagando una estructura que no vas a usar. Ahí un freelance hace lo mismo por menos.
Lo que hay que vigilar: que no te vendan el mismo paquete cerrado que a todos, que sepas quién lleva tu cuenta y puedas hablar con esa persona, y que no te aten con permanencia larga. Lo desarrollamos en cómo elegir una agencia.
Si vendes online (tienda)
Una tienda no es una web de cinco páginas que no cambian. Hay catálogo, fichas de producto, pasarela de pago, devoluciones y alguien que actualice el stock cada semana, no solo el día del lanzamiento: ahí el trabajo no termina cuando se publica, empieza. Es terreno donde una agencia suele encajar mejor, precisamente por la continuidad de la que hablamos arriba. Si aun así vas con un freelance, pregúntale de forma directa quién responde si la pasarela de pago falla un domingo y cómo gestiona las actualizaciones del catálogo. Lo desarrollamos en tiendas online.
Si tienes varias sedes o delegaciones
Cada sede necesita su propia ficha de Google y, si haces SEO local, su propia página: contenido distinto, no la misma web copiada con el nombre del pueblo cambiado. Donde primero se nota la falta de manos es al coordinar eso con una sola persona a tiempo parcial. Aquí entra también el SEO de cada zona, que suele ser un encargo aparte del de la web.
Señales de alarma en cada opción
No hace falta esperar a que algo se rompa para verlo venir. Estas son las señales que se repiten con cada opción.
Con el sobrino
- Tarda semanas en hacer un cambio pequeño, o directamente no lo hace.
- No sabe decirte, o no quiere, en qué cuenta está el dominio.
- La web deja de tocarse en cuanto cambia de trabajo o de ciudad.
- Te lo recuerda cada vez que le pides algo: fue un favor.
Con el freelance
- Da largas cuando le preguntas por el soporte después de la entrega, en vez de una fecha.
- Se le acumulan tus cambios sin explicarte por qué.
- Deja de contestar semanas después de cobrar, sin que haya pasado nada por tu parte.
- Empieza a tardar más en cada respuesta, cada vez un poco más.
Con la agencia
- El presupuesto crece con extras que nadie mencionó al firmar.
- Los plazos se mueven sin avisar antes de que se cumplan.
- El contrato no dice qué te llevas —web, contenidos, accesos— si te vas.
- Nadie te explica en qué se ha ido el trabajo del mes cuando preguntas.
¿Cuál te conviene según tu caso?
Busca tu caso:
| Tu situación | Lo que encaja |
|---|---|
| Necesitas existir en internet; el negocio se llena por recomendación | Sobrino o freelance, con las llaves a tu nombre |
| Un local, quieres que la web traiga algo de trabajo | Freelance |
| La web es tu canal principal de captación | Agencia |
| Vendes online o tienes varias sedes | Agencia |
| Ya te falló alguien y no quieres depender de una sola persona | Agencia |
| Tienes presupuesto justo y prisa | Freelance, y arreglar las llaves desde el día uno |
| Además de la web quieres SEO o anuncios | Agencia, o freelance más alguien especializado en cada cosa |
Y una cosa que vale para las tres columnas: el precio más alto no compra seriedad. Hay agencias caras que te atan y freelances baratos que te dejan todo a tu nombre desde el primer día. Lo que separa a unos de otros son las tres preguntas de las llaves, no la factura.
Las preguntas que hacer antes de encargar
- ¿A nombre de quién quedan el dominio y el hosting?
- ¿Puedo entrar yo en esas cuentas con mi usuario?
- ¿Qué pasa si mañana quiero llevarme la web a otro sitio?
- ¿Quién la mantiene cuando tú no estés?
- ¿Qué incluye el precio y qué se factura aparte? — lo desglosamos en cuánto cuesta una web.
Si alguna de las cinco te la contestan con evasivas, ya tienes tu respuesta. Y para el final de la obra, exige tres cosas más: dominio a tu nombre, acceso de propietario y copia de la web. Quien te la haga —sobrino, freelance o agencia— te lo tiene que entregar sin que lo pidas dos veces.
Si quieres un presupuesto con el que comparar el que tengas encima de la mesa, cuéntanos tu caso.
¿Prefieres que lo hagamos nosotros?
Te contamos qué haríamos en tu caso, en qué orden y por qué. Sin compromiso.
Preguntas que nos hacen sobre esto
¿De verdad es tan malo que me la haga un conocido?
La web puede quedar bien. El problema aparece después: el dominio suele quedarse en su cuenta personal, el hosting en su tarjeta y los accesos en su correo. El día que discutáis, cambie de trabajo o simplemente se canse, tu web depende de que esa persona conteste. Si le pides que todo quede a tu nombre desde el primer día, el riesgo baja muchísimo.
¿Un freelance puede hacer lo mismo que una agencia?
Técnicamente, muchas veces sí, y mejor. Lo que no puede es estar en dos sitios a la vez. La diferencia real no es de talento: es de capacidad, y de qué pasa cuando se pone enfermo, se va de vacaciones o le entra un proyecto grande que le ocupa el mes entero.
¿Cuánto más cara es una agencia?
Suele estar por encima, y parte de esa diferencia es estructura: alguien que coge el teléfono, alguien que sustituye al que falta, procesos escritos. Si tu web es una tarjeta de visita, esa estructura no la vas a usar y estás pagando de más. Si tu web es por donde entra el trabajo, es justo lo que estás comprando.
¿Qué pregunto para saber si es serio, sea quien sea?
Tres cosas: a nombre de quién quedan el dominio y el hosting, si puedes entrar tú en esas cuentas, y qué pasa si mañana quieres irte. Quien contesta las tres sin incomodarse suele ser buena señal, y quien se pone a la defensiva también te está contestando.
¿Y si ya me la hizo un conocido y quiero recuperar el control?
Pídele acceso a la cuenta del registrador donde está el dominio y a la del hosting, y crea tú una cuenta a tu nombre a la que transferirlo. Mover un dominio necesita un código de autorización que solo se saca desde la cuenta donde está dado de alta, así que sin su colaboración el trámite se complica. Cuanto antes, mejor.
¿Puedo empezar con un freelance y pasar a agencia más adelante?
Sí, y es habitual. Es exactamente para eso para lo que sirven las llaves a tu nombre: si el dominio, el hosting y los accesos son tuyos desde el principio, cambiar de proveedor más adelante es un trámite, no una negociación.
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